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A un mes del terremoto de Haití

Carta del H. Bernard Collignon (traducida por el Hno. Santiago Rodriguez Mancini), extraída del sitio de La Salle France de Facebook.

¡Buen día!

No escribo mucho en estos días, pero vamos muy bien (…)

Bajamos a la ciudad (1) el lunes y vimos (…) la afluencia de periodistas y de agentes humanitarios.

Cada periodista está a la búsqueda del enfoque más horrible. Son indecentes y están por todas partes. Los hemos visto trabajar en el entierro del arzobispo y en la casa de los Hermanos de la Instrucción Cristiana. En cuanto a los agentes humanitarios, los que se encargan de la salud, incluidos los americanos, con todo el poderío de medios, hacen un trabajo encomiable. Sobre los otros, habría que preguntarse. Son miles de extranjeros que están acá, vienen a trabajar PARA los haitianos y sería mejor que vinieran a trabajar CON los haitianos. Estos agentes humanitarios cuestan fortunas y sería más barato buscar gente que ya esté aquí. ¡No son imbéciles ni incompetentes!

Otra fuente de inquietud: la distribución de víveres. Si es necesaria para los damnificados, no hay que burlarse. Nuestro barrio, por ejemplo, no fue dañado por el terremoto, o muy poco. Todos los días hay distribución de víveres, arroz, aceite… que se transforma en una verdadera batalla. Y no son los más débiles quienes ganan. Enseguida veremos esa ayuda en los mercados. Sería mejor dar trabajo a los haitianos para remover los escombros de Puerto Príncipe y con ello un salario para que puedan comprar la comida. ¡Estamos pudriendo un poco más a los haitianos, volviéndolos un poco más dependientes!

El jueves visitamos a las Hermanitas y los Hermanitos de Santa Teresa, dos congregaciones locales. Muchos daños y muertos en ambas: dos hermanitos y cuatro hermanitas. No sé cómo van a poder arreglar sus casas. En el camino de regreso nos detuvimos en Mariani, donde las Hermanas de la Sabiduría tienen una gran casa. No queda nada: un amasijo de escombros en el que viven cuatro Hermanas todavía. Su casa para las Hermanas ancianas, justo al lado, se salvó, pero la abandonaron por miedo. Los ladrones la vaciaron. No queda sino una ventana en una casa en perfecto estado. Visitamos otra comunidad: las Hijas de María, no lejos del obispado del que no queda nada. Trece Hermanas murieron allí. Su casa generalicia es un montón de piedra y hierro.

Vamos a recibir al H. Roberto, ecónomo del Distrito(2).

Veremos qué se puede hacer por las congregaciones locales que han perdido tanto. No tienen una red como la nuestra en el extranjero. Pero sobre todo vamos a conversar sobre la gestión de las sumas de dinero que recibimos de fuera. ¿Qué haremos? ¿Lanzarnos a la ayuda alimentaria? Por supuesto que no. Hay que pensar en el futuro (…) Le país suelta amarras poco a poco. (…) Empezamos a despejar las calles, pero queda mucho trabajo.


Les reitero mi amistad fraternal.
H. Bernard Collignon
2 de febrero de 2010.

[1] NdeT: de Puerto Príncipe. El noviciado queda en Pétionville, subiendo la montaña, a más de mil metros de altura, mientras que la ciudad de Puerto Príncipe queda a nivel del mar.

[2] NdeT: De México Sur, al que pertenece Haití.

 

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