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Palabras de cierre en la IV Asamblea Distrital

Estimados Hermanos y Compañeros

Hemos llegado hasta aquí. Puede habernos dado la impresión de que es poco lo que llegamos a acordar. Pero creo que, como siempre, lo que más importa es la construcción del nosotros que es el Distrito. Un nosotros que recibimos de Dios por mediación de la historia de esta Asociación para el servicio educativo de los pobres que es el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas con las formas particulares que tiene en Argentina y Paraguay.

Nos hemos dicho que son tiempos difíciles para la asociación. Y lo hemos rezado así. Son tiempos difíciles por cuestiones de la coyuntura histórica y de la estructura del mundo. Pero también son tiempos difíciles por nuestra propia actitud y desempeño. “Nosotros los difíciles” dijo Gustavo el otro día. Yo corregiría un poco para decir: nosotros los que tuvimos unos comportamientos que hicieron difíciles algunas cosas. Porque somos mucho más que lo que hicimos. Somos, sobre todo, aquello que Dios puede hacer con nosotros.

Hemos definido juntos los puntos de llegada para el trienio. Son puntos que se dibujan más o menos claramente en el horizonte, que también hemos redefinido. Pero sabemos muy bien que esto no es suficiente. Toca ahora a todos los espacios de conducción Distrital buscar los caminos y aunar las voluntades para emprenderlos.

Cuando elegimos el icono del voto heroico para este tiempo, con esas ondas envolventes que nos traen a la memoria la vigilia pascual con su consagración de las aguas bautismales, nos han propuesto un ideal heroico pero posible. Posible porque ya hecho. Ponerse de acuerdo en el discernimiento hecho en la fe y obedecer a ese discernimiento de modo unánime. Es tan maravillosamente simple.

Es eso lo que tenemos que buscar en los espacios de conducción. Establecer en la fe un discernimiento acerca de cuáles pueden ser los caminos que más le gusten a Dios. Y plegarnos de corazón a lo que hayamos podido descubrir. Y sostenernos en ello.

Para esto resultarán indispensables las distintas estructuras de participación que ya tenemos, que decidimos y que nos empeñaremos en reconstruir. Participación hecha en múltiples niveles. Necesitamos reconstruir nuestra mirada de conjunto dentro del Distrito. Procurar que muchos más la tengan para poder caminar hacia el Distrito en Comunión que deseamos.

Esa comunión requiere de comunicación. Tenemos unas ideas iniciales. Con la ayuda de todos vamos a tratar de construir políticas comunicacionales distritales que se hagan efectivas en distintos modos para los distintos actores del Distrito: desde los alumnos a los Hermanos, desde los docentes a los jubilados.

Pero sobre todo, necesitamos que una economía de comunión que ancle en una cultura del don que nos permita llevar adelante la misión con alegría. Necesitamos reconstruir la economía distrital. Una economía que no es sólo una cuestión de dineros y bienes materiales. El don que requerimos es primero el del tiempo y los talentos propios. Y también en esto la colaboración en el don, en la entrega generosa de todos construirá la comunión.

Hemos señalado estos cinco núcleos y cada uno de ellos señala sus caminos.

Yo quisiera detallar tres elementos para esos caminos:

Antes que nada, honestidad con lo real que empieza llamando a las cosas por su nombre. La expresión es de Jon Sobrino. Con su permiso, hagámosla hablar un poco. Para mí, es una posibilidad de hablar del espíritu de fe que caracteriza nuestra identidad lasallana.
    • Ser honestos con las cosas que conforman lo real es ser concientes de que lo nuestro es siempre un recorte, una mirada parcial. Y que el discernimiento tiene que ver con juntar los pedacitos, como dice el H. Fermín en su himno sobre la obediencia. Tal vez con el temor de que algún pedacito se nos pierda, sabremos que nuestros diagnósticos son provisorios.
    • Ser honestos con lo real implica una conversión para abandonar nuestro pensamiento muchas veces simplificador y binario, para pasar progresivamente a sostener un pensamiento más complejo y tensionado. No es fácil pensar complejamente. Es más sencillo reducir, unilateralizar. Pero es necesario tratar de cultivar un pensamiento interdisciplinar que nos permita una reconstrucción teórica más ajustada de lo que sucede. Un pensamiento que pone las partes en el todo y encuentra el todo en las partes. Un pensamiento que no reduce todas las tensiones de la vida a opuestos entre los que hay que elegir, sino que es capaz de sostener las ambigüedades de la vida en la conciencia de que muchas veces no se resuelven eligiendo sino sosteniendo los dos extremos. La sabiduría consistirá, no tanto en una serie de recetas ante los problemas, sino en la capacidad de distinguir cuándo hay que hacer opciones y cuándo hay que sostenerse en la tensión.
    • Esto significa, en el fondo, mirar lo real con fe, reconocer su trasfondo histórico como manifestación del Dios Encarnado. Ver la realidad en el conjunto de los procesos sociales y no como naturalizaciones inertes.
    • Pero también poder interactuar con ellas de este modo, intervenir en ellas para transformar las cosas.
    En segundo término, celo ardiente por la salvación de los niños y jóvenes como principio de discernimiento y acción: No simplemente “celo”, sino principio celo por la salvación de estos niños y jóvenes.
    • La idea de principio nos dice que esto es lo que da origen a la misión y a la comunidad. El celo originario es el de Dios, su condescendencia apasionada con el mundo. La palabra es hermosa: ponerse en un movimiento de vaciamiento y abajamiento junto a alguien que está abajo por quien se siente pasión. Hacerse pequeño para entregarlo todo junto a otro que está en pena. Como el samaritano.
    • Pero la idea de principio nos quiere indicar también que el celo es rector primeramente en el discernimiento que se hace desde el lugar del caído, como el del samaritano; y luego en todo el decurso de la acción educativa y pastoral. Se trata de ponernos en un camino de comunión con quienes encontramos en dolor, en pena, en sufrimiento.
    • Para su salvación, decimos. Porque en nuestro discernimiento debe subyacer la idea  de que si no hacemos algo por esos niños y jóvenes, se pierden. Acercarles la salvación. Incluso La Salle se anima a decir que tenemos que considerarnos sus salvadores. Salvadores de los pobres. No es una conciencia que sólo nos llene de autosatisfacción. Es una conciencia que tiene que instaurarse como jueza de nuestro discernimiento y acción.
    • En nuestro Distrito tenemos que crear espacios de discernimiento apasionado por la salvación. Una salvación que es integral, como gustan decir los obispos. No es sólo una cuestión escatológica. Y no es para nada una cuestión individual. “Salva tu alma” es una expresión que ya reconocemos claramente como herética. Se trata de una salvación que tiene connotaciones que van desde la salud y la higiene, hasta la resurrección y la recreación del mundo en la eternidad, pasando por la participación en los bienes de la cultura y de la economía, por la organización social y política, por la comunidad cristiana y la alegría de vivir
    Y un tercer principio, el de Asociación. En el mismo sentido, asociación es siempre un nosotros que nos precede y al que nos integramos.
    • Pero asociación es, además, siempre un estilo que debemos asumir: el programa de la Trinidad, como dice el texto que aprobamos. No puede haber entre nosotros tareas solitarias, francotiradores, pequeños mesías o pequeños señores feudales. Se trata de crear y recrear constantemente los lazos eficaces de la asociación para el servicio educativo de los pobres.
    • Asociación esconde, dentro de sí, una realidad que me parece urgente en nuestro Distrito. Es la de la comunidad. Una comunidad que se caracteriza por unas motivaciones de fe. Sin comunidad no hay asociación posible. Y sin motivaciones de fe, no hay comunidad cristiana que anime la misión Lasallana. Esto puede sonar muy matemático y tal vez lo sea, dicho así, como está. Podemos comprender todos los procesos de fe que las personas transitamos. Pero no podemos comprender posiciones de grupos de adultos o de consejos directivos cuyas acciones no se encaminen hacia la construcción de una comunidad de fe que anime la misión que se le encomendó.
    • Cuando digo motivaciones cristianas quiero decir la dicha de descubrir en Jesucristo y en la experiencia cristiana de Dios, el fundamento de todas las cosas, la realidad última. Esto incluye los comportamientos éticos pero no se reduce de ningún modo a ellos.
    • En este tiempo de permanentes recambios de directivos y docentes, esto es algo a cuidar localmente. Toca a las comunidades de Hermanos y a los consejos directivos, pero sobre todo a los Directores Generales y los Consejos de las Regiones, estar muy atentos a que se instrumenten planes para acompañar estos procesos. Allí está la fuerza transformadora de los trescientos y algo de años de historia del Instituto.
    • Pero también esconde la necesidad de la reconciliación en la misericordia. Solo en ambientes de misericordia es posible la transformación de las personas. Cuando yo era chico había un doctor que decía: “Un niño que vive criticado aprende a criticar”. Un niño que vive en la misericordia, aprenderá entonces a ser misericordioso. Y probablemente, los adultos, podamos modificarnos también. No se trata de crear un ambiente permisivo en el que no haya límites. Por el contrario: se trata de que los límites estén claros para todos pero de que el ambiente permita que cada uno reconozca el error cometido y encuentre el perdón. Necesitamos pedirnos y recibir el perdón por muchas cosas que han sucedido en estos años. Y lo volveremos a necesitar. Porque el error y la limitación son siempre nuestra herencia.

    Creo que, como fue sugerido al comienzo de la Asamblea, es necesario abrir un tiempo de perdón. Perdonarlo todo. No se trata de volver hacia atrás a reclamar. Se trata de caminar tras los pasos del Espíritu a vivir en una libertad mayor y en una comunión más profunda. Se trata de construir un ambiente de misericordia en el que el error pueda ser reconocido porque cuenta con el perdón de antemano. Porque yo ya me he equivocado y me equivocaré nuevamente.

    Como dice Shakespeare en el bellísimo monólogo de Portia en el juicio contra Shylock:

    “La calidad de la misericordia es inagotable. Baja del cielo como la lluvia gentil y bendice dos veces: bendice al que la da y bendice al que la recibe. Es lo mayor entre lo grande y le queda al gobernante mejor que su corona (…) Es un atributo del mismo Dios. Cuando la misericordia sazona la justicia, el poder terreno luce más semejante al divino. (…) Si sólo hubiera justicia, ninguno de nosotros vería la salvación: pedimos misericordia, y esa misma plegaria nos enseña a ofrecer los deberes de la misericordia.” (El mercader de Venecia. Acto IV, Escena 1).

    Crear comunión en la asociación para el servicio de los pobres es crear esas comunidades misericordiosas de las que habla nuestro Horizonte, comunidades para todos, nuevas comunidades lasallanas. Hacia allá queremos caminar. Y para eso, esperar lo mejor de los demás compañeros.

    Hemos rezado hoy por Haití. Desde el 13 de enero, en el Distrito, estamos preocupados por reaccionar. Desde la Fundación La Salle hemos organizado un modo de colaboración. Las comunidades de Hermanos y algunos donantes han puesto ya USD 57.000.-. Queremos invitarlos a que todos sumemos a esto. Con el Consejo de Distrito queremos sugerirles ponernos un piso de colaboración de un dólar por alumno en todas las obras del Distrito. Y queremos pedirles que las obras que pueden contribuir con más, lo hagan. Queremos también sugerirles que inviten a los docentes a contribuir también. Crear una cultura del don es algo que implica una generosidad que va más allá de lo que vemos. Estos fondos tendrán como finalidad la construcción de un magisterio y una escuela para los niños de Puerto Príncipe, algunos de ese millón de huérfanos que vagan buscando algo para hacer entre las ruinas.

    Nuestro compromiso con los derechos de los niños nos ha llevado también a trabajar en este verano sobre un Protocolo de procedimiento en casos de abuso sexual y otros malos tratos a menores. Es una vieja deuda. Queremos avanzar rápidamente en esto para dar una respuesta simbólica al reclamo algunas familias en distintas obras. En este primer tiempo, el borrador que recibió el Consejo de Distrito está siendo estudiado por abogados en Argentina y Paraguay. Esperamos que en el mes de marzo podamos entregarlo a las regiones para su estudio. Será un estudio rápido. La propuesta es que en abril el Consejo de Distrito pueda aprobarlo y que podamos tenerlo listo hacia el 15 de  mayo de modo que todos puedan presentarlo en esos días como una señal de nuestro compromiso. Corresponderá a todos, luego, poder articular las formas de llevar a cabo los procedimientos preventivos y, Dios quiera que no, de intervención en casos de malos tratos o abusos. Esto, incluso, tendrá que llevarnos a convertir nuestra cultura de relación con los menores en algunos casos.

    El año que estamos comenzando es el del bicentenario de nuestras patrias. Así lo celebra el ícono que nos ha regalado el NOA-C por medio del H. Fermín Gainza. Pero también es el centenario de dos santos lasallanos latinoamericanos: el 9 de febrero será el centenario de la muerte del H. Miguel Febres Cordero, santo catequista y académico de la lengua, primer Hermano latinoamericano, primer director de noviciado latinoamericano; el 31 de octubre será el centenario del nacimiento de San Héctor Valdivielso, nuestro santo. Desde el Consejo de Distrito hemos decidido invitarlos a celebrar un mes de Valdivielso en octubre, entre el 9 y el 31. No se trata del cultivo de la devoción solamente. Se trata de dejar que esto nos hable, que provoque nuestra vida, que nos lleve a una vivencia más evangélica.

    Y celebraremos los 90 años del H. Fermín Gaínza. Queremos que sea una fiesta para los educadores del Distrito. Lo celebraremos en septiembre, cerca de la fecha del día del maestro en Argentina. Debemos mucho a este maestro de espiritualidad.

    Nos despedimos hoy, al menos de esta forma, de nuestros compañeros de Santos Lugares. A ellos un agradecimiento especial y un pedido de perdón por todo aquello que desde el Distrito no hemos sabido manejar del todo bien.

    Por último.

    Quiero darles las gracias a todos por su trabajo. En especial a quienes prepararon y condujeron esta Asamblea, a quienes hicieron de secretarios y prestaron otros servicios más invisibles. Quiero agradecerles a todos por las orientaciones recibidas. Espero poderles servir como lo merecen.

    Hno. Santiago Rodriguez Mancini
    Visitador

     

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